En un mundo perfecto no existiría la guerra, no habría niños con hambre y sin un techo. Todas las personas tendrían trabajo, un hogar estable. El planeta no estuviera contaminado y la capa de ozono no se estuviera destruyendo.

En un mundo perfecto no existiría el asesino ni el violador. No estuviera al borde del precipicio, no nos atacáramos los uno con los otros, no hubiera sangre derramada en la madre tierra.

En un mundo perfecto el hombre seguiría siendo humano, no albergaría en su corazón sentimientos de odio, de desprecio, de rencor... sólo tendrían amor, compasión, amistad, libertad...

En un mundo perfecto sabríamos aceptar nuestras diferencias, coexistiríamos en paz e igualdad. La vida valdría, no nos asesinarían por un par de zapatos, o peor aún; por no tener dinero.

En un mundo perfecto no importaría nuestra religión, raza o ideología; todos trabajaríamos por un fin común: mantener la paz.

En un mundo perfecto el hombre sabría qué es el amor. No tendría miedo a amar, podría decirlo con toda libertad.

En un mundo perfecto no hubiesen existido las dictaduras, el pueblo no hubiese estado atado al capricho de una persona.

En un mundo perfecto las leyes serían respetadas. Y la organización familiar sería la institución más importante

Pero no existe un mundo perfecto, y lo más lamentable es que el hombre se ha encargado de eso.  Todo lo que pasa en la actualidad es culpa de cada uno de nosotros. No estoy juzgando, ese no es mi deber. Solo enfrento una realidad a la que todos estamos atados. Esta es nuestra verdad: el mundo NO es perfecto. Cada uno de nosotros hemos sufrido y pagado las consecuencias de nuestros errores.

Todos lo días vemos como el mundo empeora cada vez más. Como hay más miseria y pobreza en él. Como nuestros niños pasan hambre (y eso que son el futuro, como dicen los políticos cuando están en campaña). Que triste es ver, como cada día la especie humana cae en un hoyo negro, del cual no podemos salir. El planeta se nos cae en mil pedazos, y nosotros no hacemos nada para cambiarlo. La violencia y el odio se han apoderado de nosotros, y sin embargo; seguimos sentados, cruzándonos de brazos y viendo el espectáculo.

 Ésta es nuestra cruda realidad, aquí no hay religión que valga, ni siquiera una actitud moralista que nos etiquete. Aquí simplemente hay un mundo que no es perfecto, y que cada día se vuelve más imperfecto.